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Gestión en Salud y Seguridad Social • ISSN: 2215-6216 • Vol. 5 (1): e2026264, Enero-Diciembre, 2026
(Publicado Set. 09, 2026)
vida (44,1 %); uso de tecnologías médicas avanzadas (29,9 %);
y atención a pacientes en coma irreversible (27,6 %).
Respecto a las medidas para mejorar la integración de la
bioética en la cultura institucional, las opciones más frecuen-
tes fueron: mejorar la comunicación sobre temas bioéticos
(71,7 %); fortalecer los programas de capacitación en bioética
(68,1 %); crear espacios de discusión bioética entre funciona-
rios (59,5 %); fomentar la participación de profesionales de la
salud y personal administrativo en los CBC (59,0 %); y promo-
ver el acceso a los comités (57,5 %).
Hallazgos cualitativos
El análisis de las respuestas abiertas identificó temas
recurrentes vinculados con escasa visibilidad institucional
de los CBC, desconocimiento sobre los procedimientos de
consulta, necesidad de capacitación, falta de tiempo laboral
formalmente asignado para que sus integrantes desarrollen
las actividades de los comités e integración limitada en se-
siones clínicas y espacios educativos. A la vez, las personas
participantes recomendaron difundir mejor las funciones
y la composición de los comités, utilizar medios digitales y
actividades presenciales, promover espacios de discusión
bioética y fortalecer la presencia de los CBC en la vida insti-
tucional cotidiana.
DISCUSIÓN
Los resultados describen una distancia relevante entre
el conocimiento declarado sobre la existencia de los CBC,
la identificación de sus funciones y su uso autorreportado
como instancia de asesoría ética. Aunque más de la mitad de
las personas encuestadas manifestó conocer que los comités
existen, menos de la mitad identificó sus funciones y solo una
minoría indicó haber solicitado asesoría. Esta secuencia su-
giere que el reconocimiento formal o nominal de los CBC no
necesariamente se traduce en comprensión funcional ni en
utilización efectiva por parte del personal encuestado.
Este hallazgo es relevante porque la literatura interna-
cional ha señalado que la consulta ética constituye la fun-
ción más frecuentemente evaluada de los comités de ética
clínica y una de las vías principales mediante las cuales es-
tos son percibidos como útiles por el personal de salud. No
obstante, dicha utilidad suele medirse mediante indicadores
subjetivos, como satisfacción, percepción de apoyo o utilidad
autorreportada, más que mediante indicadores objetivos de
impacto clínico (5).
Desde la perspectiva de gestión, este resultado es rele-
vante porque la consolidación normativa y administrativa
de los comités debe acompañarse de estrategias activas de
difusión, capacitación y articulación con los equipos asis-
tenciales. El manual institucional vigente atribuye a los CBC
funciones de asesoría, capacitación y vinculación con los ser-
vicios, por lo que el bajo uso reportado en la encuesta apunta
a una oportunidad de mejora en la integración operativa de
una capacidad institucional ya instalada (9).
Por otro lado, la percepción de accesibilidad también
mostró un margen amplio de mejora. El 41,6 % de las perso-
nas participantes consideró accesibles a los comités, mientras
que una proporción mayor no los percibió como accesibles
o desconocía esa información. Este hallazgo coincide con li-
teratura reciente, que identifica la visibilidad, la confianza, la
claridad del propósito, la integración con los equipos clínicos
y la oportunidad de respuesta como condiciones relevantes
para que los comités y servicios de ética clínica sean efectiva-
mente activados por el personal de salud (5-7).
Adicionalmente, la literatura sobre evaluación de comi-
tés de ética clínica muestra que medir su efectividad es me-
todológicamente complejo y que los indicadores disponibles
suelen ser heterogéneos. Una revisión sistemática reciente
reportó que no existen herramientas estandarizadas para
evaluar integralmente su desempeño; sin embargo, la con-
sulta ética suele percibirse como útil por profesionales de la
salud y otros usuarios, y se ha asociado con apoyo a la toma
de decisiones clínicas, cambios en planes terapéuticos, dismi-
nución del malestar moral y fortalecimiento de la calidad de
la atención (5). En este sentido, los hallazgos institucionales
de la CCSS aportan un diagnóstico local descriptivo, pero no
permiten evaluar por sí mismos el impacto real de las inter-
venciones de los CBC.
Por otra parte, en lo que respecta a los resultados cua-
litativos, cabe destacar que estos refuerzan la necesidad de
avanzar hacia una bioética más transversal, vinculada con la
gestión, la capacitación y la calidad de la atención. La mayor
presencia de los CBC en sesiones clínicas, actividades educa-
tivas y procesos de elaboración de protocolos podría favore-
cer su reconocimiento como aliados de la práctica asistencial
y no únicamente como órganos consultivos para situaciones
excepcionales (6,10,11).
En cuanto a la distribución de participantes, los resulta-
dos muestran una oportunidad para fortalecer la interdisci-
plinariedad del trabajo bioético. Aunque la participación de
Enfermería y Medicina fue mayoritaria, también hubo repre-
sentación de áreas administrativas, Trabajo Social, REDES/
Registros, Farmacia, Microbiología, Odontología, Nutrición,
Psicología, Derecho y otras disciplinas. Esta diversidad con-
firma que los dilemas bioéticos no se concentran únicamente
en la atención médica directa, sino que atraviesan múltiples
puntos de contacto con las personas usuarias y con la ges-
tión institucional. Fortalecer la participación interdisciplinaria
puede ampliar el acceso a los comités desde distintos espa-
cios de la práctica institucional.
Finalmente, la baja proporción de solicitudes de asesoría
puede obedecer a múltiples factores: desconocimiento de
rutas de consulta, percepción de que los comités son instan-
cias lejanas o poco oportunas, resolución informal de conflic-
tos éticos dentro de los servicios, confusión entre problemas
éticos, legales y administrativos, o falta de tiempo laboral for-
malmente asignado para que el personal formule consultas