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Gestión en Salud y Seguridad Social • ISSN: 2215-6216 • Vol. 5 (S1): e2026259, Agosto, 2026
(Publicado Ago. 07, 2026)
Entre el silencio y la dignidad: decisiones difíciles
en medio del acoso y la discapacidad
Between silence and dignity: difficult decisions
amid bullying and disability
Angelina Sandoval Dinarte1; https://orcid.org/0009-0000-3328-9910
1. Odontóloga especialista, Hospital Rafael Ángel Calderón Guardia, Caja Costarricense de Seguro Social; San José, Costa Rica;
angelina.sandoval@gmail.com
https://doi.org/10.62999/x883tm40
Durante años, servir en el sistema de salud pública ha
sido una labor guiada por el compromiso, la ética y el respeto
a la dignidad humana. El servicio público, cuando se ejerce
con responsabilidad, también es una forma de justicia.
Sin embargo, hay momentos en que esa dignidad se
pone a prueba dentro de los propios entornos laborales. La
discapacidad, que debería convocar comprensión, ajustes ra-
zonables, empatía e inclusión, puede convertirse en motivo
de distancia, incomodidad, silencios o exclusión.
Poco a poco, algunas dinámicas cotidianas pueden cam-
biar. Las palabras amables se transforman en indiferencia; los
espacios de trabajo en escenarios de tensión; y las tareas que
antes se realizaban con entrega comienzan a ser cuestiona-
das o minimizadas. Entonces se comprende que el acoso la-
boral no siempre se manifiesta mediante gritos o insultos. A
veces se expresa a través de omisiones, aislamiento, rumores,
indiferencia o decisiones administrativas que hacen sentir
desplazada a una persona por su diferencia.
Cada día puede convertirse en un dilema ético: callar
para evitar más daño o hablar para defender el derecho a
trabajar en paz. Guardar silencio puede parecer una forma
de protección, pero también puede implicar renunciar a la
propia autonomía. Hablar, en cambio, puede ser un acto de
valentía moral, aunque esté acompañado de miedo, incerti-
dumbre y vulnerabilidad.
En ese punto se comprende que el verdadero ejercicio
de la bioética no ocurre únicamente frente a una persona
usuaria o en el marco de una decisión clínica. También ocu-
rre dentro de las instituciones donde servimos, cuando la
dignidad de una persona funcionaria se ve amenazada y la
respuesta organizacional puede marcar la diferencia entre el
daño y la reparación.
Desde la mirada bioética, esta experiencia permite una
reflexión profunda.
El principio de autonomía recuerda que toda persona
tiene derecho a ser escuchada, a expresar sus límites, a parti-
cipar en las decisiones que afectan su bienestar y a ejercer su
trabajo en condiciones de respeto.
El principio de beneficencia invita a reconocer que cuidar
de las personas funcionarias también beneficia a la organiza-
ción, porque un entorno laboral saludable fortalece la calidad
del servicio público.
El principio de no maleficencia permite advertir el daño
silencioso que pueden causar la indiferencia institucional, el
rumor, la exclusión o la falta de apoyo. Son heridas que no
siempre dejan marcas visibles, pero afectan profundamente
la salud emocional y la confianza.
El principio de justicia confronta a las instituciones con la
necesidad de construir espacios laborales donde la equidad,
la inclusión y el respeto no sean solo valores declarados, sino
prácticas reales y sostenidas.
Decidir continuar con integridad, aun en medio de la di-
ficultad, puede ser una de las decisiones más complejas. No
responder desde el resentimiento, sino desde la reflexión, la
esperanza y la búsqueda de condiciones más humanas, tam-
bién es una forma de resistencia ética.
La bioética no es una teoría lejana. Es una práctica co-
tidiana que exige valentía moral, empatía y coherencia. En
cada decisión, incluso en las más dolorosas, existe una opor-
tunidad de reafirmar los valores que nos hacen humanos.
El respeto, la inclusión y la solidaridad son también me-
dicinas del alma institucional. Esta historia no busca señalar
personas, sino inspirar conciencia: ninguna persona, con o sin
discapacidad, debería verse obligada a elegir entre su salud,
su trabajo y su dignidad.
Porque el silencio puede perpetuar el daño, pero la pala-
bra ética puede abrir camino hacia la dignidad, la inclusión y
la reparación.