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Gestión en Salud y Seguridad Social • ISSN: 2215-6216 • Vol. 5 (S1): e2026250, Agosto, 2026
(Publicado Ago. 10, 2026)
Volver a casa: cuando la autonomía se convierte en despedida
Returning home: when autonomy becomes a farewell
Gerardo Quirós Venegas1; https://orcid.org/0009-0007-5274-7535
1. Médico, Presidente del Comité de Bioética Clínica, Hospital Max Peralta, Caja Costarricense de Seguro Social; Cartago, Costa Rica; gaquirosv@ccss.sa.cr
https://doi.org/10.62999/sf8epa74
En un hospital del país, una persona adulta joven atra-
vesaba una hospitalización prolongada marcada por una
enfermedad hematológica avanzada y complicaciones infec-
ciosas severas. Su cuerpo, agotado por la enfermedad y los
tratamientos, comenzaba a rendirse. Pero su voz, lúcida y fir-
me, expresaba una solicitud que interpeló profundamente al
equipo de salud:
—Quiero irme a casa.
Este relato reconstruye el proceso ético que vivió el equi-
po clínico ante una decisión que desafiaba los límites de la
medicina curativa. No se trataba únicamente de un egreso
voluntario, sino de una despedida consciente; una afirmación
de autonomía en medio de la vulnerabilidad.
La historia muestra cómo los principios de la bioética se
hacen presentes en cada conversación, en cada gesto y en
cada silencio compartido.
Análisis bioético
• Autonomía:
la persona paciente, adulta y competente,
manifestó de forma clara su voluntad de egresar. Respe-
tar esa decisión implicaba reconocer su derecho a deci-
dir sobre su propio proceso de atención, aun cuando ello
pudiera representar riesgos importantes para su vida.
No se trataba de una renuncia al cuidado, sino de una
manifestación profunda de su deseo de pasar el tiempo
restante en su hogar, rodeada de lo familiar y de las per-
sonas significativas para ella.
• Benecencia:
el equipo actuó buscando el mayor bene-
ficio posible. Se brindaron tratamientos, soporte clínico,
acompañamiento emocional y alternativas terapéuticas
acordes con su condición. La persona paciente fue infor-
mada y acompañada en cada decisión.
Sin embargo, el equipo también comprendió que el be-
neficio no siempre se mide por la prolongación de la
vida, sino también por la posibilidad de cuidar la digni-
dad, aliviar el sufrimiento y respetar aquello que la per-
sona considera valioso al final de su proceso.
• No malecencia:
no se impusieron tratamientos ni me-
didas invasivas sin consentimiento. Se evitó la coerción,
reconociendo que obligar a la persona a permanecer
hospitalizada en contra de su voluntad podía convertirse
en una forma de daño.
El equipo priorizó el cuidado emocional, la comunicación
clara y la contención familiar, procurando que la decisión
se tomara con información suficiente y sin abandono.
• Justicia:
la persona recibió atención equitativa, segui-
miento interdisciplinario y acceso a los recursos institu-
cionales disponibles. Se integró a una persona familiar
de apoyo en el proceso de comunicación y acompaña-
miento, y se activaron los servicios necesarios para pro-
curar una salida ordenada y humana.
La justicia también se expresó en reconocer que toda
persona, incluso en condiciones de alta vulnerabilidad,
conserva su dignidad y su derecho a ser escuchada.
Reexión nal
Este caso recuerda que la medicina no siempre puede cu-
rar, pero siempre puede cuidar. La bioética no es un conjunto
de normas abstractas, sino una brújula que guía decisiones
difíciles, especialmente cuando la voluntad de la persona pa-
ciente confronta las expectativas del equipo tratante.
Respetar la autonomía no significa abandonar. Significa
acompañar con humildad, informar con honestidad y reco-
nocer que, en ocasiones, la mejor forma de cuidar es permitir
que la persona decida cómo quiere vivir sus últimos días.
La persona paciente no pidió más tratamientos. Pidió
volver a casa.
Y el equipo, en lugar de resistirse, eligió honrar su volun-
tad. Porque a veces el mayor acto de cuidado clínico es saber
acompañar una despedida.