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Gestión en Salud y Seguridad Social • ISSN: 2215-6216 • Vol. 5 (S1): e2026249, Agosto, 2026
(Publicado Ago. 10, 2026)
Una niña en una caja
A girl in a box
Isidro José Arias Porras1; https://orcid.org/0009-0004-8848-4595
1. Farmacéutico, Área de Salud Coronado, Caja Costarricense de Seguro Social; San José, Costa Rica; jariaspo@gmail.com
https://doi.org/10.62999/a8kdjj62
Lo que a continuación relato sucedió hace muchos años,
pero aún lo recuerdo con claridad, porque marcó mi visión de
la realidad y me abrió a horizontes desconocidos hasta ese
momento de mi vida.
Tenía poco tiempo de haberme graduado como farma-
céutico y empezaba a dar mis primeros pasos trabajando en
un hospital ubicado en una zona de alta vulnerabilidad social.
A su alrededor había comunidades con condiciones sanita-
rias deficientes, viviendas precarias, hacinamiento y personas
en situación de calle. Muchas de ellas enfrentaban proble-
máticas asociadas al consumo de alcohol, otras sustancias y
exclusión social.
Una noche, en medio del silencio, se escuchó un alboro-
to en el Servicio de Emergencias. Un funcionario de aseo en-
contró una caja de cartón colocada en una esquina. Notó que
algo se movía dentro. Al principio pensó que podía tratarse
de un animal pequeño, pero al mirar con cuidado se llevó una
sorpresa: era una niña recién nacida.
La bebé tenía señales de un nacimiento reciente y estaba
envuelta en una sábana en malas condiciones.
El personal de salud se movilizó de inmediato para exa-
minarla, estabilizarla y coordinar su traslado a un centro es-
pecializado. Fue entonces cuando surgieron las preguntas:
¿quién era esa niña?, ¿quién la llevó hasta allí?, ¿qué había
ocurrido con su madre?
Más que respuestas, empezaron los juicios. Algunas
personas hicieron comentarios muy duros contra la madre
desconocida. Otras expresaron enojo, rechazo y condena.
También hubo voces de compasión que pidieron prudencia.
Recuerdo haber dicho a algunos compañeros cercanos:
Tengamos cuidado. No sabemos qué pasó. No somos
quiénes para juzgar sin conocer.
Unos estuvieron de acuerdo. Otros continuaron con
sus señalamientos.
Días después, una mujer joven llegó al hospital pregun-
tando por “la bebé que traje. Era una persona en evidente
condición de vulnerabilidad. Su forma de comunicarse suge-
ría una posible discapacidad cognitiva o limitación importan-
te para comprender plenamente la situación que había vivido.
Una enfermera la condujo con respeto a un espacio pri-
vado y comenzó a conversar con ella. La mujer relató que
había sentido un fuerte dolor abdominal mientras se encon-
traba en condiciones de extrema precariedad. Una persona
en situación de calle la ayudó durante el parto improvisado.
Luego buscó una caja y una sábana entre lo que tenía a su
alcance y le indicó que llevara a la bebé al hospital, porque
allí podrían atenderla.
Eso fue lo que ella hizo.
Al final de la conversación, la joven preguntó:
—¿Usted sabe si a la bebé ya le dieron lechita?
La enfermera no pudo responder de inmediato. Sus ojos
estaban llenos de lágrimas.
A esa mujer se le juzgó antes de conocer su historia. Se
dijeron contra ella palabras muy duras. Pero ahí estaba, pre-
guntando si su hija había recibido alimento. Su preocupa-
ción, expresada desde sus propias posibilidades, mostraba
una forma de cuidado que muchos no habían logrado ver.
Este caso me enseñó que la bioética no se limita a aplicar
principios en documentos o comités. También exige detener
el juicio, mirar el contexto y reconocer la dignidad de quienes
viven en condiciones extremas.
En esta experiencia se reflejan con claridad la benefi-
cencia y la no maleficencia: la necesidad de brindar atención
física, psicológica y social sin aumentar el daño mediante
prejuicios o descalificaciones. También se hace presente la
justicia, entendida como la obligación de mirar más allá de la
apariencia y reconocer las desigualdades que condicionan las
decisiones de las personas.
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Gestión en Salud y Seguridad Social • ISSN: 2215-6216 • Vol. 5 (S1): e2026249, Agosto, 2026
(Publicado Ago. 10, 2026)
La joven enfrentaba múltiples factores de vulnerabilidad:
pobreza, posible discapacidad, exposición a violencia, aban-
dono social y un entorno que fue más rápido para juzgar que
para comprender.
Desde entonces aprendí que, antes de condenar, debe-
mos preguntarnos qué historia no conocemos.
Nota editorial
Relato anonimizado para fines reflexivos y educativos.
Se generalizaron referencias a centros de salud, edad apro-
ximada, condiciones sociales, traslado hospitalario y detalles
sensibles del nacimiento, con el fin de proteger la confiden-
cialidad y evitar identificación directa o indirecta.